¿Dónde vives? Una Lección Espíritual

El Monasterio de Poblet en Cataluña, España. Es uno de los monasterios más bonitos que he conocido en toda mi vida, actualmente se encuentran exactamente 28 monjes viviendo entre sus magníficas paredes del siglo XXIV.
Después de proceso de entrada me encontré a un Monje de barbas blancas con un hábito negro con fondo blanco, que irradiaba una paz espiritual magnífica. Cómo es mi costumbre siempre voy de preguntón y la primer pregunta que le realice al aquel monje fue ¿Ustedes son monjes de clausura? Aunque la respuesta estaba implícita dado que es un Monasterio. Su respuesta fue: Si hay que salír se sale.
Después de algún intercambio de palabras descubrí en el rostro de aquel hombre unas ojeras profundas por una vida activa, sin embargo, su rostro denotaba una fuerza espiritual maravillosa. Y cuando empezó a platicar conmigo guardo dentro de su habito el reloj que llevaba empuñado en la mano derecha.

Me hizo una pregunta ¿Dónde vives? A lo que yo conteste con mi domicilio postal, sin embargo me extendió la mano y me volvió a preguntar ¿Dónde Vives? A lo que yo volví a explicar con santo y seña mi domicilio postal.

Después de un apretón de manos me dijo: Si es que vives allí donde dices, cómo es posible que estés aquí. Y agrego, de eso se trata la vida de estar aquí y en el ahora.
Continúo con la explicación y me dijo que sí estoy aquí y ahora y puedo respirar por lo tanto tengo que agradecer que estoy en el aquí y en el ahora. Que la contemplación va de eso de mirar para adentro y buscar en nosotros aquello que pensamos puede estar en el exterior.

Uno vive donde están sus pies.

Dado que no tenemos más realidad que está y que respirar y agradecer el momento y la realidad nos conectará con la tierra y con el mis misterio.
Le agradecí que hubiera compartido aquel conocimiento conmigo y me preguntó mi nombre y yo el suyo. El nombre del Monje era Marc.

Después de ello le pedí con urgencia una pluma dado que quería escribir (ya que siempre se me olvida todo) aquellas palabras que me había acabado de pronunciar a lo cual muy atentamente me facilito su pluma o bolígrafo y una hoja de papel. Empecé a escribir aquello que recordaba. Cómo es característico de aquellas personas sabías no les cuesta volver a explicar el conocimiento y ante mi impaciencia por querer guardar aquella lección me dictó palabra por palabra el último párrafo de esa hoja de papel.
También le pedí un abrazo y la bendición. Me la dio y me abrazo como aquellas personas que te transmiten paz. Salí emocionado de aquella recepción buscando a mis tías para contarles mi historia. Sin embargo cuando quise regresar con mi amigo este se había ido.

Los conceptos que el Monje Marc me compartió no son nuevos, pero lo novedoso es que lo recordemos siempre. Lo verdaderamente difícil es agradecer tanto las buenas como las malas. Saber que nuestra vida se define en presente y no en futuro. Que nuestra mayor práctica Espiritual se haya en el interior de cada uno de nosotros. Cabe resaltar que me lo comentó explícitamente «Que la realidad nos conectará con la tierra y con el misterio».

Así que después de tan agradable encuentro disfrute mucho más del recorrido por aquel monasterio que algún día fue el lugar de entierro de reyes y reinas.